Estaba solo y sin ningún plan así que decidió coger el coche. Se dirigió a la costa, hacía un día agradable, pensó que sería una buena idea acercarse a los acantilados para hacer unas fotografías y olvídarse de todo, últimamente pensaba demasiado. Estaba en buena forma y sabía bien como caminar entre las rocas, pero esta vez le costó descender, quería acercarse lo más que pudiese al algua, había marea baja. Sin embargo, de súbito, el mar comenzó a embravecerse, las olas eran cada vez más altas. Le invadió una sensación de desasosiego, instintivamente se palpó el bolsillo del pantalón y se dio cuenta de que no se había traído el móvil para evitar llamadas impertinentes, fue entonces cuando supo que no había nada que hacer mas que dejarse abrazar por el mar.
jueves 5 de noviembre de 2009
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